Muchas familias conviven con niños que tienen mocos casi de manera constante. Este exceso de secreciones puede afectar al sueño, la escuela, las relaciones sociales e incluso al estado de ánimo.
El reto de la diversidad
Cada niño es diferente: hay quienes toleran muy bien los lavados nasales y otros que los viven con miedo o rechazo. Cuando, además, hay neurodivergencia (autismo, TDAH, dificultades de comunicación), la manera de plantear estos gestos cotidianos debe adaptarse.

Estrategias sencillas que pueden ayudar
• Humidificar el ambiente: agua en el radiador, ducha con vapor o difusores de agua. También se pueden hacer inhalaciones de vapor o balneoterapia en centros especializados, que aportan humedad y mejoran la movilidad del moco.
• Optimizar la técnica y el utensilio: no hay una única forma correcta de limpiar la nariz. Lo más importante es encontrar el recurso (jeringa, lota, difusor, instilaciones, etc.) y la maniobra que la persona tolere mejor y que dé el mejor resultado posible.
• Intentar hacerlo como un juego: contar una historia, usar pictogramas o convertirlo en una pequeña aventura puede ayudar. No siempre funcionará, pero intentarlo puede aliviar mucho la experiencia.
• Adaptar el lenguaje y el tiempo: explicarlo paso a paso, con palabras sencillas y sin prisas.

El papel de la fisioterapia respiratoria
Las fisioterapeutas respiratorias podemos enseñar técnicas adaptadas a cada familia: cómo hacer lavados más suaves, cuándo es realmente necesario insistir o cómo favorecer la eliminación de moco sin generar angustia.

Respirar bien es mucho más que oxigenarse: es sentir calma, seguridad y autonomía.
Cuando adaptamos las técnicas al ritmo y las necesidades de cada persona, cuidamos no solo los pulmones, sino también la confianza y el bienestar de toda la familia.
Anna Ferran
Fundadora de Inspira’t fisioterapia respiratoria
