Cuando un resfriado atraviesa cuerpo, mente… y sistema nervioso
Llevo días en cama.
Con uno de esos resfriados que te tumban. Que no te permiten ni pensar con claridad.
Toser duele. Dormir cuesta. Todo pesa.
Y mientras el cuerpo se entrega al virus, yo pienso:
¿Esto se sentirá igual para todo el mundo?
¿Es normal que me abrume tanto?
¿Qué la luz me duela?
¿Qué no tolere el roce de las sábanas?
¿Qué me sienta incapaz de soportar el más mínimo ruido?
Y entonces lo recuerdo:
Soy neurodivergente. Y no, no siempre se vive igual. Ni siquiera nosotras vivimos igual un resfriado que otro dependiendo de nuetsro estado emocional.
Este artículo nace desde esa cama.
Desde este cuerpo que, además de virus, sostiene una arquitectura neurológica distinta.
Y que necesita que lo entendamos… también cuando enferma.

Cuando tu sistema sensorial se pone en huelga
Estar resfriada no es solo tener mocos y fiebre.
Para mí (y para muchas personas neurodivergentes) es como si todos los sensores se volvieran locos:
- La luz quema.
- El ruido atraviesa.
- El contacto físico molesta.
- El dolor se amplifica hasta volverse insoportable… o a veces, ni lo noto hasta que es extremo. ¿Puede pasar? Pues se ve que si…
Y no, no es drama. No es exageración.
Es procesamiento sensorial.
Es vivir con un cerebro que interpreta el mundo con otros parámetros.
Según investigaciones actuales, muchas personas autistas y neurodivergentes en general, tienen alteraciones en el procesamiento sensorial:
nuestro umbral para el dolor, el tacto, el sonido o la temperatura no funciona igual que el de las personas neurotípicas.
Y cuando el cuerpo se enferma… ese sistema nervioso se sobrecarga.

La ciencia ya lo empieza a decir…
Estudios como el publicado por Frontiers in Psychiatry (2022) y ScienceDirect (2024) explican que:
- Las personas neurodivergentes pueden vivir los síntomas físicos con mayor intensidad emocional y sensorial.
- El dolor, la fiebre, el malestar pueden generar mayor ansiedad y desregulación.
- El entorno (ruidos, luces, olores) puede empeorar la experiencia de estar enfermo.
- El agotamiento mental se multiplica: el cuerpo necesita parar, pero la mente no siempre sabe cómo.
Lo que para otra persona es “estar con fiebre y ver una peli”, para mí es sobrevivir a un torbellino sensorial, sin energía para pedir ayuda.
Y entonces… ¿cómo nos cuidamos?
Si tú también eres neurodivergente y estás enferm@, o acompañas a alguien que lo es, aquí van algunos aprendizajes que quiero compartir:
1. El cuerpo manda (y hay que escucharlo)
- Si necesitas oscuridad, apágalo todo.
- Si no toleras la ropa, busca texturas suaves.
- Si no soportas voces, opta por auriculares, notas, gestos simples, pictos.
2. A veces no se nota el dolor… hasta que explota
- Algunas personas no sentimos el malestar de forma “clásica”.
- Podemos seguir “bien” hasta que el cuerpo revienta. De un momento para otro.
- Escuchar los cambios de humor, la fatiga o la irritabilidad… puede ser más útil que tomar la temperatura.
3. No hace falta ser funcional: hace falta cuidarse
- No eres floj@.
- No exageras.
- No estás sola.
El descanso es parte de la medicina.

Cuidar desde la sensibilidad
Quienes acompañan también necesitan claves.
Porque a veces no sabemos cómo cuidar a alguien que no puede explicar lo que siente, o que se cierra aún más cuando algo le duele.
Aquí van algunas ideas sencillas y amorosas:
- Pregunta con suavidad: “¿Te molesta esto?”, “¿Quieres menos luz?”, “¿Prefieres silencio?”
- Valida: “Te creo”, “Entiendo que esto te abruma”, “Está bien que te tomes tu tiempo”.
- Ajusta el entorno antes de exigir respuestas: espacio, silencio, calma, cuerpo.
El malestar, cuando se respeta, duele menos.
Enfermar sin que el mundo te duela más
Estar enferma no debería significar que el mundo se te vuelva imposible.
No debería doler más por tener un cerebro distinto.
Y sin embargo, para muchxs de nosotrxs, enfermar se siente como perderlo todo un poco:
rutina, claridad, control, fuerza… y también pertenencia.
Por eso escribo esto. Para ti. Para mí. Para todxs.
Para que, cuando llegue ese día en el que el cuerpo pide cama,
también encuentre un entorno que no juzga, que no exige, que no aprieta.
Porque descansar no debería doler.
Y cuidarnos, debería ser lo más natural del mundo.

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Con cariño y una infusión de tomillo y jengibre,
Verònica Martín
CoFundadora de ATIPICOS.org
Directora de A-tipic Biointeriors
