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Criar desde la diferencia: Vanessa Amat y el poder de cambiar la mirada sobre la neurodivergencia

Salud y Bienestar
Verónica Martin
Verónica Martin
Publicado el 19 de septiembre de 2025
17 min de lectura
Criar desde la diferencia: Vanessa Amat y el poder de cambiar la mirada sobre la neurodivergencia

Vanessa, para quienes aún no te conocen, ¿Cómo te presentarías? ¿Qué te llevó a comenzar a divulgar sobre altas capacidades y doble excepcionalidad en redes sociales?

En primer lugar, gracias por este espacio y un saludo a quienes nos estén leyendo.
Mi nombre es Vanessa Amat, soy publicista, comunicadora y profesora, experta en altas capacidades y desarrollo del talento. Pero, ante todo, soy mamá de dos niñas con altas capacidades, una de ellas además con doble excepcionalidad.

Me considero una mujer emprendedora. De hecho, hace nueve años emprendí en el mundo del marketing online, y este año decidí abrir un espacio en redes sociales para hablar sobre altas capacidades y autismo. Lo que empezó como una forma de compartir reflexiones y vivencias se convirtió en una preciosa comunidad: así nació Hirameki AACC, donde ahora somos más de 30.000 personas.

Hoy, además de divulgar sobre crianza de peques neurodivergentes, acompaño a familias con niños o adolescentes de AACC, ofrezco formación a docentes y en breve arrancará un proyecto muy especial para mí: una extraescolar de enriquecimiento para peques con AACC en Castellón.

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¿Cómo son realmente los niños y niñas con AACC? ¿Qué características o necesidades crees que siguen sin entenderse bien desde fuera?

Si tuviera que elegir una única palabra sería, sin duda, “intensidad”. Y seguro que muchas familias que conviven con estos peques coinciden conmigo. Esa intensidad puede ser maravillosa, porque son niños que se entusiasman con facilidad, que tienen mucha hambre de saber, de entender, que preguntan mucho, que nos sorprenden a diario con ideas fabulosas, pero, a veces esa intensidad no es tan extraordinaria.

A menudo se sigue asociando a estos niños con la imagen del alumno brillante, tranquilo, atento, excelente en todas las áreas y asignaturas y, en consecuencia, sin necesidades educativas específicas. Sin embargo, la realidad es mucho más diversa y compleja. No todos los niños con altas capacidades se ajustan a ese molde, de hecho, muchos lo rompen por completo.

Es importante comprender que estos niños viven el mundo desde un lugar diferente. Lo piensan diferente, lo sienten diferente y es desde ahí desde donde lo habitan. No es ni mejor ni peor: es otra manera de estar en el mundo. Y acompañarles implica mirar más allá de lo que se ve a simple vista.

En algunos casos, desde el centro educativo solo se habla de “su conducta”. Pero eso es solo la punta del iceberg. Lo que suele haber debajo son emociones intensas, masking, una necesidad constante de sentido, dificultad para regularse… y, muy frecuentemente, una alta sensibilidad sensorial que rara vez se tiene en cuenta.

Lo sensorial es, de hecho, una de las grandes olvidadas. Ruidos, luces, texturas, olores… todo se experimenta con más intensidad. Esto puede provocar saturación, rechazo, ansiedad o incluso bloqueos, y muchas veces se interpreta erróneamente como “manías” o “mala conducta”.

Otro aspecto poco comprendido es la asincronía: niños que tienen una madurez verbal, cognitiva o intelectual altísima, pero una regulación emocional o unas habilidades sociales que no avanzan al mismo ritmo. Esta falta de sincronía interna puede generar frustración tanto en ellos como en su entorno, si no se conoce. Pero como digo yo, ir por la vida con 3 edades distintas no es fácil.

Cuando se les ofrece un entorno que entiende esta complejidad y no les pide que encajen a la fuerza, florecen. Pero si solo se señala su conducta o se les exige adaptarse sin comprensión, se apagan. Por eso es tan importante cambiar la mirada hacia las AACC.

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Hay un concepto que a veces pasa por alto y es clave, las funciones ejecutivas, y sé por experiencia que lo pueden cambiar todo. Me encantaría que nos contaras por qué es tan importante que las familias y

educadores entiendan este concepto en el contexto de las altas

capacidades y la doble excepcionalidad.

Las funciones ejecutivas son como el centro de mando del cerebro. Son un conjunto de procesos que nos permiten organizar, planificar, tomar decisiones, iniciar tareas, regular emociones, adaptarnos a los cambios o mantener la atención.

En el caso de los niños con altas capacidades, muchas veces se asume erróneamente que, por tener un gran potencial, también tienen un gran manejo de estas habilidades. Pero no siempre es así.

Cuando hablamos de perfiles de doble excepcionalidad, altas capacidades y autismo, pueden tener ideas brillantes, pero bloquearse al empezar. Pueden razonar con una profundidad increíble, pero perderse en instrucciones sencillas.
Pueden ser muy conscientes de sus propias dificultades, lo que genera aún más frustración.

Las dificultades en funciones ejecutivas pueden manifestarse en rigidez cognitiva, olvidos frecuentes, dificultad para iniciar tareas, necesidad de rutinas muy claras, resistencia al cambio, desregulación emocional o problemas de planificación. Y todo esto puede coexistir con un alto potencial cognitivo o intelectual.

Ahí es donde muchas veces se produce el desajuste: se espera que respondan como “pequeños adultos brillantes”, pero su funcionamiento interno tiene otros ritmos y otras necesidades.

Comprender esto permite dejar de verlo como “falta de esfuerzo”, y empezar a ofrecer los apoyos que necesitan. Desde la escuela, desde casa y desde cualquier entorno que les rodee.

Porque no es que “no quieran”.
Es que a veces no pueden… aún.
Y si les damos el espacio, el tiempo y la comprensión que necesitan, ese potencial que muchas veces se queda atascado, empieza a desplegarse.

Convivir con dos realidades, la coocurrencia de AACC y autismo, puede dificultar la expresión de ese potencial, o en algunos casos hacer que no se detecte, incluso que las pruebas de inteligencia no reflejen bien lo que realmente hay.

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Criar a niñas con AACC y doble excepcionalidad conlleva desafíos únicos. ¿Cuáles han sido los mayores aprendizajes —personales y familiares— en este camino?

Para mí, personalmente, uno de los desafíos más grandes ha sido soltar expectativas. Ni la maternidad ni la crianza neurodivergente se parecen a lo que imaginaba antes de ser madre.

Desde bien pequeña, mi primera hija me enseñó qué era la alta demanda. Me rompió todos los esquemas y me colocó en un lugar completamente nuevo: el de observar, aprender y adaptarme continuamente.

También he aprendido a comunicarme de otra forma, a dejar espacio para sus tiempos, a regularme yo para poder sostener su intensidad… y, sobre todo, a no interpretar esa intensidad como un “problema”. He tenido que aprender a ver más allá de las etiquetas. A mirar a la persona completa, con sus habilidades y sus desafíos, y a acompañarla desde ahí. No desde lo que me gustaría a mí en un determinado momento, sino desde lo que ellas necesitan.

Otro gran aprendizaje ha sido conocer qué les hace bien y qué no. Qué entornos les favorecen, qué estímulos les saturan, qué ritmos necesitan para sentirse seguras. Y desde ahí, ir ajustando. No para que el mundo se vuelva perfecto, sino para que, al menos en casa, y en lo que depende de nosotras, puedan sentirse cuidadas y respetadas.

Ponerlas a ellas en el centro. No como un ideal, sino como una forma real y consciente de cuidar.
Y hacerlo, muchas veces, sin un mapa claro, pero con mucha presencia.

Además, he aprendido a que las miradas o el “qué pensarán” no me importe tanto. Y, por el camino, me he ido reconociendo a mí misma… Porque en muchas ocasiones me he visto reflejada en ellas y eso no siempre es fácil.

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Has hablado en un post de algo que no suele nombrarse pero ambas sabemos que pasa más de lo que nos gustaría, la pérdida de amistades al criar niños neurodivergentes. ¿Qué te impulsa a compartir estos aspectos menos visibles? ¿Cómo reacciona tu comunidad?

Lo comparto porque sé lo difícil que es sentirse sola criando desde la diferencia.
En mi caso, además, fui la primera de mis amigas en ser mamá, y eso ya te coloca en una posición un poco aislada. Pero si a eso le sumas una crianza exigente, intensa, diferente… llega un momento en que incluso dudas de ti misma: ¿estaré exagerando?
Y luego te das cuenta de que no.

Cuando llega la identificación, muchas veces haces la vista atrás… y empiezas a entender cosas desde que era bebé.
Y ese proceso, aunque te da respuestas, también remueve mucho.

La crianza neurodivergente, en muchos casos, conlleva perder vínculos que antes eran seguros. Te sientes juzgada, incomprendida. Y no solo por amistades, también a veces por entornos cercanos, incluso familia.

Pero lo bonito es que, con el tiempo, llegan nuevas personas maravillosas.
Ahora, en Hirameki, no solo soy yo quien arropa a otras familias. Ellas también me sostienen a mí. Y eso es comunidad de verdad.

Hablar de todo esto, y de muchos otros temas difíciles, es una forma de sanarme. Me da alivio. Desde pequeña me ha encantado escribir. Es una manera de regularme, de sacar lo que no siempre sé cómo decir en voz alta. Muchos de mis posts nacen así: por y para mí misma.

Y luego llegan mensajes como “gracias, a mí también me pasó, creía que era la única”.
Ahí es cuando me doy cuenta de que compartir lo que no siempre se dice, eso también es crear comunidad.

Y de ahí nace Hirameki AACC: de la necesidad de acompañarnos también en lo invisible.

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Estás lanzando una extraescolar de enriquecimiento en Castellón para niños con AACC entre 5 y 10 años. ¿Qué es un espacio de enriquecimiento?

Efectivamente, Mentes Despiertas es un proyecto que me hace muchísima ilusión. Lo siento casi como un tercer hijo, y llevo semanas soñando que está en marcha. Ya me he reunido con las primeras familias, he empezado a conocer a algunos peques… y tengo muchas ganas de empezar.

Te cuento, un espacio de enriquecimiento es un entorno pensado para explorar y disfrutar aprendiendo desde los propios intereses. Es un lugar donde los niños y niñas con altas capacidades pueden conectar con otros que también piensan, sienten y aprenden diferente, sin tener que enmascarar ni esforzarse por encajar.

Buscamos activar la curiosidad, la conexión y el disfrute. Les ofrecemos propuestas retadoras desde lo cognitivo, pero también trabajamos el plano emocional y social, tan importantes en estos perfiles. Mentes Despiertas nace como una respuesta a todo eso: ofrecer un entorno seguro, cuidado y estimulante donde puedan ser ellos mismos, desplegar su potencial y sentirse parte de algo muy especial.

Sinceramente, este tipo de espacios son más que necesarios, porque no todos los niños con altas capacidades encuentran en la escuela un entorno que se adapte a sus necesidades. Para conectar con ellos es importante que haya motivación y reto. En Mentes Despiertas:

– Pueden explorar sus intereses reales y sentir que lo que les apasiona importa.

– Se estimula el pensamiento crítico, creativo y divergente.

– Se cuida la parte emocional, tan sensible en muchos perfiles de AACC.

– Se favorece la conexión con otros niños con los que se van a poder identificar.

– Se trabajan sus habilidades sociales, su autoestima y su bienestar general.

Sé que aquí van a encontrar un espacio al que tendrán ganas de acudir, un pequeño refugio, con personas con las que van a sentir conexiones profundas y donde van a descubrir cada día cosas nuevas. Todo esto nos ayudará a mantener, como digo yo, su llamita de la motivación bien alta y activa.

Ubicado en Les Alqueries (Castellón), este espacio está dirigido a niños y niñas de 5 a 10 años, donde trabajamos en grupos reducidos, con una metodología activa, creativa y profundamente respetuosa.

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¿Qué tipo de experiencias ofrecerás allí y qué necesidades específicas buscas atender con esta propuesta?

Como te contaba antes, en Mentes Despiertas ofrecemos experiencias diseñadas para estimular el pensamiento, la creatividad y la conexión emocional, siempre desde el respeto profundo a la individualidad de cada niño. Trabajamos tres grandes áreas:

- La cognitiva: con propuestas que despiertan su curiosidad y pensamiento creativo —retos mentales, escritura, exploración de temas poco comunes y microproyectos donde pueden investigar y crear.

- La emocional: acompañamos el mundo interno de cada peque, ayudándoles a conocerse, expresarse y regularse emocionalmente, a través de dinámicas lúdicas, mindfulness…

- La social: fomentamos el sentido de pertenencia y el desarrollo de habilidades sociales con juegos cooperativos, role-playing y actividades que refuercen la empatía, la escucha y el trabajo en equipo.

Y por supuesto, no nos podemos olvidar de la creatividad. Todo está pensado para que puedan ser ellos mismos, sentirse vistos, seguros y estimulados, sin la presión de tener que encajar o enmascarar. En las extraescolares es difícil encontrar a un experto en altas capacidades que los acompañe desde esta mirada y creo que aquí está el mayor valor de este espacio.

Has creado personajes como Hira y Meki,. ¿Cómo surgieron y qué simbolizan para ti y para los peques con los que trabajas?

Hira y Meki son mucho más que dos personajes: son la representación simbólica de ese universo interior tan complejo y rico que habita en muchos niños y niñas con altas capacidades. Nacieron como una forma de dar forma y voz a todo eso que muchas veces cuesta expresar: su intensidad, sus pasiones, su sensibilidad, su creatividad…

Para los peques, Hira y Meki son como espejos emocionales con los que pueden identificarse, que les hablan en su mismo lenguaje, con ternura y complicidad. Representan las dos caras de la alta capacidad: la que brilla y crea, y la que a veces se enreda o se desborda.

Lo que empezó como un recurso para el proyecto de Mentes Despiertas se ha convertido en una herramienta valiosa también en redes: actualmente existen 15 personajes diferentes, en forma de postales descargables, acompañadas de 15 propuestas de juego para trabajar con ellas en casa o en el aula. Un puente entre el mundo adulto y el infantil, entre lo interno y lo compartido.

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En tu experiencia ¿Qué necesitan estos niños y niñas para brillar sin tener que encajar en moldes?

Necesitan que los miremos tal y como son.
Que no les pidamos que se apaguen para ser aceptados.
Que entendamos su forma particular de sentir, pensar y estar en el mundo. En un mundo que, recordemos, también es suyo.

Y necesitan tiempo.
Tiempo para crecer sin prisas ni presiones. Con adultos que sepan acompañar con presencia, con conocimiento sobre las altas capacidades, y con flexibilidad.

Y por supuesto, necesitan mucho amor y muchísima comprensión.
Cuando entendemos que son maravillosos tal y como son, que no están rotos ni son “demasiado” nada… y que lo que realmente necesitan es un acompañamiento respetuoso, desde ese lugar tan especial desde el que ellos sienten, piensan y viven con tanta intensidad, todo empieza a colocarse.

Todo va un poquito mejor cuando dejamos de intentar encajarlos en moldes que y empezamos, de verdad, a verlos.
Porque no se trata de que encajen.
Se trata de que se desplieguen.

Desde tu rol como divulgadora, ¿qué mitos o ideas equivocadas sobre las altas capacidades y la doble excepcionalidad te gustaría desmontar de una vez por todas?


Sinceramente, uno de los objetivos de los posts de mi cuenta de Instagram Hirameki AACC es precisamente desmontar tantísimos mitos que siguen demasiado presentes. Como la idea de que los niños con altas capacidades “no necesitan ayuda” o que “ya se apañarán solos”.
Que todo es fácil para ellos.
O que si tienen alguna dificultad, entonces ya no pueden ser AACC.

Nada de eso es cierto, y estas creencias muchas veces los aíslan y les impiden recibir el acompañamiento que realmente necesitan.

También creo que es urgente romper con la idea de que la alta capacidad es solo un número en un test o un CI de 130. Hay perfiles muy heterogéneos dentro de las AACC, y no todos encajan en los moldes escolares tradicionales.
De hecho, la doble excepcionalidad muchas veces penaliza en las evaluaciones, porque las dificultades pueden eclipsar el potencial, y al revés. Por eso es tan necesario un buen ojo clínico a la hora de valorar.

Las AACC no garantizan éxito académico ni bienestar emocional. Tampoco hay que mirarlas desde el pesimismo de “ojalá fuera neurotípico”, aunque reconozco que en momentos duros ese pensamiento puede aparecer velozmente en muchas familias.
Y ojo también con el mito de “qué suerte, seguro que lo tendrá todo fácil”.
Son como son. Y está bien así.

Siempre digo que estos niños y niñas llegan a nuestras vidas por algo, y muchas veces es para ayudarnos a re-conocernos, a crecer, a ser mejores personas.

Y si hablamos de doble excepcionalidad, me parece urgente perder el miedo a palabras como autismo. A veces se niega, se minimiza o se mira con prejuicio, cuando en realidad es una forma legítima y valiosa de estar en el mundo. Una que merece ser comprendida, visibilizada y acompañada con respeto.

La suposición de que las personas autistas tienen un deterioro cognitivo todavía impregna la literatura popular, los medios y las conversaciones cotidianas. Y luego está el tema de “no ser lo suficientemente autista”, que daría para largo.


No permitamos que se diga que un peque (o un adulto) no es autista porque mira a los ojos, porque es verbal, porque tiene amigos o es empático. Y por favor, desterremos frases como:

– “¿Es AACC? Pues no se le nota.”
– “¿Es autista? Pues no lo parece.”

¿Qué esperamos? ¿Que lleven un cartel fluorescente en la frente?
Preguntad a las familias cuando se cierra la puerta de casa si notan que sus hijos son neurodivergentes. Y escuchad sus respuestas.

Porque detrás de cada persona neurodivergente hay una realidad rica, compleja, profundamente humana. Y si solo vemos las dificultades, nos estamos perdiendo todo lo demás.

De hecho, podríamos hablar largo y tendido de las fortalezas de la doble excepcionalidad: el sesgo por el detalle, la gran memoria, la pasión intensa por sus intereses, la capacidad de análisis, el perfeccionismo, la sinceridad, el sentido de la equidad y la justicia… y mucho más.

Y, por último, es fundamental que los entornos educativos estén más formados en doble excepcionalidad, porque muchas veces el autismo eclipsa por completo a la alta capacidad. Y entonces no se atiende su potencial, no se adapta el entorno, o incluso se exige al niño que compense sus desafíos solo con su inteligencia, lo cual es injusto y profundamente desgastante. Por eso es tan importante una evaluación rigurosa, informada y compasiva.
Porque la etiqueta, esa que a veces se critica, es una puerta de acceso a adaptaciones necesarias, a conocer fortalezas y desafíos, y a ser acompañados de forma respetuosa.

Y mirando al futuro... ¿Qué sueñas para este nuevo espacio que estás creando y para la comunidad de familias que te acompaña en este viaje?

Sueño con un espacio donde los niños puedan expresarse libremente, sin tener que pedir permiso para ser quienes son. Un lugar donde mejore la confianza en sí mismos, donde se sientan parte de algo. Un refugio seguro y estimulante donde puedan desplegar su potencial, explorar, conectar, y también descansar de ese esfuerzo constante por encajar.

Sueño con seguir acompañando a las familias. A muchas las veo llegar llenas de dudas, preocupaciones o incluso culpa… y cuando vuelven y me dicen que ahora entienden mejor a su peque, que se comunican mejor, que todo fluye más, que vuelven a conectar… para mí eso es un regalo. Es una satisfacción profunda, porque sé lo importante que es sentir que no estás sola y que sí, se puede estar mejor. Trabajo para que las familias no tengan que pedir perdón por acompañar a sus hijos como necesitan, sin tener que justificarse una y otra vez ante quienes no entienden lo que implica criar desde la diferencia.

Y también sueño con una comunidad preciosa que siga creciendo. Que se acompañe sin juicio. Que se sostenga con herramientas, con conocimientos, sí… pero también con compasión, con comprensión, con escucha, con presencia. Y sueño con que podamos abrazarnos presencialmente a lo largo de este año, porque a muchas familias de momento solamente las conozco a través de la pantalla.

Y por encima de todo, sueño con poner mi granito de arena para que el mundo conozca lo que sí son y lo que no son las altas capacidades, el autismo y la doble excepcionalidad. Como siempre digo, si con todo esto ayudo, aunque sea a un solo niño o a una sola familia, ya habrá valido la pena.

Muchas gracias.

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