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Cómo explicar a la profe que tu peque es disléxico, autista o TDAH

Educación
Verónica Martin
Verónica Martin
Publicado el 23 de septiembre de 2025
6 min de lectura
Cómo explicar a la profe que tu peque es disléxico, autista o TDAH

Empieza el curso escolar, y con él llegan nuevas aulas, nuevos rostros, expectativas y también, quizá, algo de miedo: cómo explicar lo que tu peque lleva dentro pero que no siempre se ve. Que tiene dislexia, que es autista, que tiene TDAH. Esa conversación puede parecer difícil, pero es esencial: para que la escuela entienda, para que se establezcan adaptaciones, para que tu peque no parta de cero en los malos entendidos. Este artículo te acompañará, con evidencia, ejemplos y estrategias para que ese diálogo con la/el profe sea claro, empático y resulte transformador.

1. Qué sucede en el cerebro y por qué ciertas dificultades no se ven

Para empezar una conversación así, ayuda entender lo que la ciencia nos dice sobre lo que ocurre “por dentro”.

  • Las personas con dislexia presentan diferencias en las regiones relacionadas con el procesamiento de la lectura y la escritura, como el giro angular, el córtex temporal medio/inferior, y la conectividad entre áreas visuales y del lenguaje. Estas diferencias no son “errores”, sino variaciones cerebrales en la forma que lleva el procesamiento de símbolos. Y no, no puede dejar de serlo por arte de mágia.
  • En el autismo, hay diferencias en la forma de procesar estímulos sensoriales (sonidos, luces, texturas), regulación emocional, expectativas sociales implícitas. Neurológicamente, se ha observado que ciertas estructuras corticales y conexiones neuronales se activan de modo distinto, con mayor sensibilidad y menor habituación.
  • En TDAH, las dificultades con la atención sostenida, la inhibición de impulsos, la regulación temporal (cómo gestionamos el tiempo), la memoria de trabajo, están relacionadas con menor actividad o menor eficiencia en ciertas redes ejecutivas del cerebro (corteza prefrontal, ganglios basales) y con mayores variaciones en la conectividad funcional.

“Tu peque no está siendo perezoso ni desinteresado: su cerebro funciona con otro ritmo, otro estilo, que vale la “alegría” comprender.”
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Estudios como el del Institute of Education del Reino Unido muestran que cuando se conocen las diferencias cognitivas, se mejora la autoconfianza y el rendimiento (por ejemplo, en dificultades de aprendizaje).

2. Cómo preparar la conversación con la profe

Esta parte es clave: planificar lo que vas a decir, cómo decirlo y qué pedir. Aquí algunas ideas:

  • Elegir el momento adecuado: una reunión tranquila, sin prisas, al inicio del curso si es posible.
  • Llevar algo por escrito: una carta o “perfil de mi peque” donde cierres fortalezas, lo que se le hace más difícil, lo que le ayuda, estrategias que ya funcionan en casa.
  • Explicar lo que ves (comportamientos concretos), sin juicios: por ejemplo, “nota que al leer le cuesta continuar sin perderse de lo que ha leído”, o “se agobia cuando hay muchos ruidos simultáneos” y lo que yo llamo “las instrucciones”, por ejemplo, en mi hija veo muy claro que cuando hace una determinada estereotipia, se está poniendo nerviosa, si se lo explico a su profe, y él se da cuenta, puede anticiparse y proponerle ir a buscar algo a la sala de profes para sacarla del aula y que se tranquilice por el camino, o bien intentar reconducir la situación antes de que se desregule del todo.
  • Preguntar, no solo informar: “¿cómo se hace normalmente en clase X?”, “¿qué adaptaciones podrían ayudar?”, “¿qué expectativas tienen sobre tareas o tiempos?”
  • Ser humildes, pero firmes: tu experiencia como madre/padre aporta conocimiento único de lo que tu peque vive, aunque no sean los mismos desafíos que otros niñxs.
“Cuando explicas desde lo que ya conoces de tu peque, no pides imposibles; pides comprensión.”
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Child Mind Institute recomienda “About Me Letters” (cartas al maestro) como herramienta efectiva para compartir con el docente las fortalezas, retos y acomodaciones del alumno.

3. Qué pedir en cuanto a adaptaciones

Una vez que la profe entiende, conviene concretar qué ajustes pueden hacer diferencia. Al pedirlos, recuerda que no es solo para mejorar la escuela para tu peque, sino para que pueda aprender sin desgaste emocional:

  • Apoyos visuales y estructuración clara: pictogramas, horarios visibles, agendas visuales. Y, pueden llegarasorprenderte, en la reunión de inicio de curso de mi hijo pequeño me encantó ver que usaban los pictos de manera habitual en el aula, es más, quedamos en que les iba a dibujar unos extra para mejorar la comprensión de las “normas de convivencia”. Cuando los profes ven que quieres aportar, también lo agradecen.
  • Flexibilidad de tiempos: más tiempo para tareas de lectura o escritura, pausas breves si se agobia, permitir moverse si lo necesita.
  • Modificaciones sensoriales: reducir ruido, evitar efectos de ecos en aulas, iluminación adecuada, posibilidad de auriculares o zonas más tranquilas.
  • Ajustes en evaluación: permitir o valorar “presentaciones orales”, tiempo extra, formatos alternativos (oral, visual, proyecto, etc.).
  • Comunicación constante: establecer un canal regular de contacto entre casa y escuela (mensajes, agenda virtual, reuniones), para ajustar lo que funciona y lo que no.
“Al pedir adaptaciones, no criticas al docente: reclamas lo justo para que tu peque pueda dar lo que tiene dentro.”
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Según el programa LEANS del Reino Unido (Schools teaching neurodiversity), cuando las adaptaciones son visibles y consistentes, mejoran tanto la actitud docente como el rendimiento del alumnado.

4. Cómo acompañar emocionalmente al peque al explicar

Este paso suele olvidarse, pero es tan importante como lo práctico:

  • Hablar con el niño/a sobre lo que va a decir la profe, preparar la historia juntos de forma simple, con respeto.
  • Validar lo que siente: “entiendo que esto te da miedo, puede resultar raro, pero te lo digo porque te quiero ayudar para que te sientas mejor en clase”.
  • Ensayar el diálogo si quieres (jugar a que uno hace de profe) para que no sea sorpresa.
  • Celebrar después los pequeños logros: que la profe haya aceptado escuchar, que pruebe una adaptación, que algo funcione. Cada avance importa.

“Explicar no es un informe; es tender un puente con amor y escuchar.”

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Explicar que tu peque es disléxico, autista o tiene TDAH no es pedir un trato especial: es reclamar que el entorno reconozca su forma de ser. Esa conversación inicial puede abrir puertas hacia una escolaridad más digna, menos agotadora y más humana.

Imagínate un cole donde la profe sepa qué necesita tu peque sin que tengas que insistir, donde los apoyos existan, donde el aula sea un espacio de escucha. Ese cole no es idealismo: muchas ya lo están haciendo posible. Pero las mamás y los papás debemos ayudarles a lograrlo. ¿te apuntas?

Puedes contarnos en comentarios cuál es tu experiencia. Te leemos.

Verònica Martín

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