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Alimentación neurodivergente: estrategias reales, vividas y posibles

Divulgación
Verónica Martin
Verónica Martin
Publicado el 11 de noviembre de 2025
5 min de lectura
Alimentación neurodivergente: estrategias reales, vividas y posibles

No se trata de enseñar a comer. Se trata de aprender a acompañar.

Hay libros que no nacen en una editorial. Nacen en la cocina. En la mesa. En las lágrimas de una madre, las mías… y quizás las tuyas. En la mirada fija de una niña que no puede, que no quiere, que no sabe cómo hacerlo.

“Barriga llamando a cabeza, ¿me recibes?” es ese libro.
Lo publiqué el año pasado junto a Patricia Esteban, nutricionista especializada en autismo, desde dos lugares: la experiencia y el amor.

La experiencia de ser madre de niñxs neurodivergentes con retos en la alimentación. Y la de haber sido esa niña que tampoco quería comer.

Y el amor por comprenderlos. Por respetar sus cuerpos. Por dejar de forzar lo que no nace, y empezar a acompañar lo que sí es posible.

Comer diferente no es un problema de conducta

Este punto es clave. Y lo repito en todas mis charlas, formaciones y asesorías:

No es tu culpa si tu hijo no come.
No cocinas mal. No te falta paciencia. No estás fallando como madre o padre.

La alimentación neurodivergente no es un problema de crianza.
Es una cuestión neurológica. De cómo el cerebro interpreta y responde a estímulos internos (como el hambre) o externos (como la textura de un alimento o el ruido del comedor).

Algunas personas no sienten el hambre como “un hueco en el estómago”.

Otras no toleran que los alimentos se toquen.

Otras necesitan comer por colores, por temperatura, por textura… o no comer en absoluto cuando hay mucho ruido.

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Esto no es “maleducación”. No es desinterés. Es cerebro. Y se puede acompañar.

Mi historia: entre platos fríos y la palabra “inanición”

Yo también fui esa niña.
Esa que pasaba horas frente al plato.
Mi madre lloraba en el pediatra. Me decían que si seguía así me moriría de inanición (una palabra que aprendí antes que “hambre”).

Me sentaban a la mesa al mediodía… y a veces la comida se juntaba con la cena. Y sé que mi madre lo hacia desde el amor… pero desde el amor acompañado de desesperación, y ese no es un buen lugar para acompañar a un peque.

Me prometí que mis hijos no vivirían lo mismo.
Pero el camino no ha sido fácil.

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Mis hijos: dos cuerpos, dos lenguajes

En casa, cada uno come como puede. Y eso está bien.

🥄 Mi hijo necesita que todo esté separado. Cada alimento en su sitio. Nada se toca. Las texturas no se mezclan. Siempre en la misma silla, la misma estructura.
🥄 Mi hija no nota el hambre. Su cuerpo no le avisa. Si nadie la acompaña, puede pasarse horas sin comer y además necesita movimiento continuo, es incapaz de estarse 30 minutos sentada comiendo sin levantarse.

¿Solución mágica? No existe.
¿Estrategias reales, vividas y posibles? Sí. Y de eso va este libro.

Lo que aprendimos (y que tú también puedes probar)

A través de ensayo, error, intuición y mucha paciencia, fuimos encontrando formas de acompañar sin forzar. Aquí algunas claves que compartimos en el libro:

  • Comer por horario, no por hambre, si el cuerpo no manda esa señal.
  • Crear un entorno predecible, sensorialmente seguro (luces cálidas, sin olores fuertes, sin ruidos invasivos).
  • Asociar la comida con momentos placenteros: cuentos, música suave, rituales de calma.
  • Aceptar que comer “raro” no es comer mal.
  • Celebrar los pequeños avances. Respetar los retrocesos.

Y, sobre todo, quitar la presión. Confiar, soltar y nunca dejar de acompañar.

Si el cuerpo se siente seguro, el sistema límbico guarda ese momento como algo agradable. Y así, poco a poco, el vínculo con la comida se repara.

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El entorno también alimenta

Después del libro, empecé a dar charlas sobre cómo diseñar comedores que cuidan.

Porque soy madre, soy persona ND, y también soy interiorista especializada en adaptar espacios para personas neurodivergentes.

He trabajado con asociaciones como Autisme Nakama, New Life, Fem Camí… y siempre repito lo mismo:

Una mesa puede ser un lugar de calma… o una fuente de estrés.

La luz, el color, el ruido, los olores… todo eso influye.
No es solo el “qué” se come. Es cómo se vive ese momento.

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Este libro es para ti si...

  • Tu hijo no come y no sabes por qué.
  • Tú misma creciste con dificultades para alimentarte.
  • Sientes culpa cada vez que la comida se convierte en pelea.
  • Quieres acompañar desde el respeto, no desde la lucha.
  • Buscas herramientas reales, concretas y con alma.

“Barriga llamando a cabeza, ¿me recibes?”
Es mucho más que un libro. Es un puente. Una mano extendida. Una voz que dice: “no estás sola, no estás solo”.

Puedes conseguirlo aquí:
Comprar el libro en Erbre Libros
Comprando a través de Erbre Libros, apoyas también a una familia autista que ha creado esta plataforma con todo el amor del mundo.

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¿Quieres que hablemos de esto en tu cole, centro, asociación o espacio?
Déjame un comentario o escríbeme. Estoy aquí para acompañarte.

Verònica Martín

CoFundadora de ATIPICOS.org

Directora de A-tipic Biointeriors

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